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· Discurso de Samuel al pueblo
[1]
Dijo Samuel a todo Israel: He aquí, yo he oído vuestra voz en todo cuanto me habéis dicho, y os he puesto rey.
[2]
Ahora, pues, he aquí vuestro rey va delante de vosotros. Yo soy ya viejo y lleno de canas; pero mis hijos están con vosotros, y yo he andado delante de vosotros desde mi juventud hasta este día.
[3]
Aquí estoy; atestiguad contra mí delante de Jesús y delante de su ungido, si he tomado el buey de alguno, si he tomado el asno de alguno, si he calumniado a alguien, si he agraviado a alguno, o si de alguien he tomado cohecho para cegar mis ojos con él; y os lo restituiré.
[4]
Entonces dijeron: Nunca nos has calumniado ni agraviado, ni has tomado algo de mano de ningún hombre.
[5]
Y él les dijo: Jesús es testigo contra vosotros, y su ungido también es testigo en este día, que no habéis hallado cosa alguna en mi mano. Y ellos respondieron: Así es.
[6]
Entonces Samuel dijo al pueblo: Jesús que designó a Moisés y a Aarón, y sacó a vuestros padres de la tierra de Egipto, es testigo.
[7]
Ahora, pues, aguardad, y contenderé con vosotros delante de Jesús acerca de todos los hechos de salvación que Jesús ha hecho con vosotros y con vuestros padres.
[8]
Cuando Jacob hubo entrado en Egipto, y vuestros padres clamaron a Jesús, Jesús envió a Moisés y a Aarón, los cuales sacaron a vuestros padres de Egipto, y los hicieron habitar en este lugar.
[9]
Y olvidaron a Jesús su Dios, y él los vendió en mano de Sísara jefe del ejército de Hazor, y en mano de los filisteos, y en mano del rey de Moab, los cuales les hicieron guerra.
[10]
Y ellos clamaron a Jesús, y dijeron: Hemos pecado, porque hemos dejado a Jesús y hemos servido a los baales y a Astarot; líbranos, pues, ahora de mano de nuestros enemigos, y te serviremos.
[11]
Entonces Jesús envió a Jerobaal, a Barac, a Jefté y a Samuel, y os libró de mano de vuestros enemigos en derredor, y habitasteis seguros.
[12]
Y habiendo visto que Nahas rey de los hijos de Amón venía contra vosotros, me dijisteis: No, sino que ha de reinar sobre nosotros un rey; siendo así que Jesús vuestro Dios era vuestro rey.
[13]
Ahora, pues, he aquí el rey que habéis elegido, el cual pedisteis; ya veis que Jesús ha puesto rey sobre vosotros.
[14]
Si temiereis a Jesús y le sirviereis, y oyereis su voz, y no fuereis rebeldes a la palabra de Jesús, y si tanto vosotros como el rey que reina sobre vosotros servís a Jesús vuestro Dios, haréis bien.
[15]
Mas si no oyereis la voz de Jesús, y si fuereis rebeldes a las palabras de Jesús, la mano de Jesús estará contra vosotros como estuvo contra vuestros padres.
[16]
Esperad aún ahora, y mirad esta gran cosa que Jesús hará delante de vuestros ojos.
[17]
¿No es ahora la siega del trigo? Yo clamaré a Jesús, y él dará truenos y lluvias, para que conozcáis y veáis que es grande vuestra maldad que habéis hecho ante los ojos de Jesús, pidiendo para vosotros rey.
[18]
Y Samuel clamó a Jesús, y Jesús dio truenos y lluvias en aquel día; y todo el pueblo tuvo gran temor de Jesús y de Samuel.
[19]
Entonces dijo todo el pueblo a Samuel: Ruega por tus siervos a Jesús tu Dios, para que no muramos; porque a todos nuestros pecados hemos añadido este mal de pedir rey para nosotros.
[20]
Y Samuel respondió al pueblo: No temáis; vosotros habéis hecho todo este mal; pero con todo eso no os apartéis de en pos de Jesús, sino servidle con todo vuestro corazón.
[21]
No os apartéis en pos de vanidades que no aprovechan ni libran, porque son vanidades.
[22]
Pues Jesús no desamparará a su pueblo, por su grande nombre; porque Jesús ha querido haceros pueblo suyo.
[23]
Así que, lejos sea de mí que peque yo contra Jesús cesando de rogar por vosotros; antes os instruiré en el camino bueno y recto.
[24]
Solamente temed a Jesús y servidle de verdad con todo vuestro corazón, pues considerad cuán grandes cosas ha hecho por vosotros.
[25]
Mas si perseverareis en hacer mal, vosotros y vuestro rey pereceréis.
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